Aquí donde me ven

Soy hijo único (creo que eso pensaba mi madre de mí a pesar de mis 5 hermanos); padre hasta el final de mis días (intentaré que los hijos no lo noten); abuelo poeta, diseñador de proyectos de largo aliento. Mentor sempiterno, constructor de aprendizajes, incluído el de mí mismo.

Y lo demás que soy, está entre líneas (en mis textos).



Mi poesía I





NOSTALGIA I


De lejos vendrá la voz:
hágase señor la oscuridad,
y todos haremos la señal de la nostalgia...




Puede ser este aire viscoso
o el viaje que nunca haré a la luna:
hoy amanecí nostálgico hasta la empuñadura.

Puede ser
que duele dejar deshabitado
el tiempo que se va,
que hoy no llegó el correo,
que hay sobre la mesa migajas,
no palabras;
que de niño perdí un escapulario
y pensé en la pena capital
y en el destierro.



Es quizás
esta costumbre de ir por el viento,
de no entender dónde quedó la voz
(antes tan honda para mí),
de no saber cerrar el puño a tiempo.



Rasgo la telaraña.

Me atrapa la red de los olvidos,
no obstante el aleteo.

Hay una estela de opacidad hiriente,
el atisbo de alguien,
la luz de la hoja en blanco;
los trazos vacilantes
de una premonición adelantada,
el rumor de un heraldo que llega.



Había una vez un niño…

Aparadores de luz
(lubricantes de ojos viajeros),
surtidores de agua dulce
(amargos a fuerza de andar la vida),
la mano amiga,
materna,
amante,
que no decía adiós sino que vuelva.



Era ese niño,
la primera versión de su difunto hijo,
de su padre llorado en vida,
de sus repeticiones sucesivas.
Era también la opresión de un secreto
en la puerta de enfrente,
el tacto en el bolsillo sin monedas,
la urgencia de escribir sin conocer la escuela.

Era el que sube un día a la cruz
para ver el paisaje,
y reza por Dios que está en la tierra.
El que entiende el milagro de la multiplicación
en una hoja de cuaderno.
El que cree en la música con ver el arco iris.




No era un niño solo.
Eran él y sus erráticos caminos,
él y el paladín de la armadura suave
que prefería unos ojos a una puesta de sol;
él y el apremio de la siguiente página
en el cuento del Hombre.



Polvo.
No siempre el polvo es olvido.

De rutilante oscuridad,
la lejanía se hunde atroz en tu memoria,
ancla desvencijadas naves,
te sacude,
te hiere,
te hace apretar los ojos sin razón,
martilla un tictac indescifrable en tu reloj.




Abrir la habitación a oscuras,
buscarle miedos al rincón oculto:
uno tropieza con la angustia de algo,
el ascua de una mano fría,
enemiga de origen,
el recuerdo de insectos de papel.
Uno se hace relieve
en el dedo acusador de otros,
se perfora los huesos luego del fallo injusto.



Pero al final,
la estirpe de aquellos
que eligieron ser el tú infinito,
los corazones abiertos y el gozo oculto,
la voz como estandarte,
la verdad que te redime:

Tú eres el camino,
serás, por tanto,
andado y pisoteado.


 
*Del libro Señal de la nostalgia. S. E. 2011.

1 comentario:

  1. "De rutilante oscuridad,
    la lejanía se hunde atroz en tu memoria"

    Tienes tantos versos de delicada belleza que hacen querer robarlos. Gracias por compartirlos con nosotros.

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